Liliput es, sin duda, la parte que más
nos gusta de la inmortal novela de Jonathan Swift, Los viajes
de Gulliver. La que más nos cautiva por su fantasía,
creadora de unos hombres de menos de quince centímetros y unas
costumbres que nos provocan la risa continuamente. ¿Recuerdas
lo de abrir los huevos por la parte ancha o la estrecha y la
división que provoca entre los liliputienses? ¿Recuerdas las
escuelas para los niños y niñas de clase alta y clase baja?
Seguro que no has olvidado el descubrimiento del sombrero de
Gulliver ni el odio que el tesorero mayor, o ministro de
hacienda, profesaba a Gulliver por los enormes gastos que
ocasionaba. Recordarás los tacones altos y bajos que
diferenciaban a los dos partidos políticos; al príncipe de
todos que, en un pie, llevaba uno alto y, en el otro, uno bajo.
Todo esto ocurría en el siglo XVIII en una isla, ¡nada menos!,
del Océano Índico.
Pero la fantasía no es sólo fantasía,
como muy bien sabes por El Quijote. Los grandes
escritores la utilizan para hablar de la realidad y,
generalmente, criticarla. Así la literatura es un espejo donde
se refleja la sociedad de su época de una manera irónica y
cruda; por eso, a veces, los autores tienen problemas para
publicar su obra, como le ocurrió al inglés Swift.
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Los lectores descifraban todas las
fantasías: Liliput es Inglaterra; Mildendo, Londres; Blefescu,
Francia; el tesorero Flimnap, el ministro Walpole; el
emperador, Jorge I; Tacones Altos y Bajos, tories y whigs, los
dos partidos políticos que todavía existen; la disputa de
los huevos es la pelea de católicos y protestantes, etc.
Estaban leyendo con avidez la más feroz diatriba contra la
sociedad inglesa de 1721. Por este motivo, se agotaban pronto
las ediciones en las librerías.
Si leyeras la historia real de Inglaterra
de esos años, verías los motivos de Swift para llamar
liliputienses, de cuerpo y espíritu, a sus conciudadanos.
Gulliver, en cambio, es el médico aventurero, abierto a
conocer nuevos hombres, nuevas lenguas, nuevas costumbres. Con
su catalejo, Gulliver nos lanza a un mar sin límites, al
mismo del que habla el poeta Fernando Beltrán en un bello
endecasílabo «y el futuro es de pronto un mar inmenso».
¡Alto a una sociedad de liliputienses en automóvil y con
ordenador!
En esta lección queremos llevarte a:
- conocer la vitalidad de tres de lenguas constitucionales
del Estado Español: el catalán, el gallego y el vasco.
- descubrir su larga historia.
- analizar las características lingüísticas de las
mismas.
- comprobar la nueva situación creada por la
Constitución Española de 1987 y otras leyes creadas por
las Comunidades Autónomas respectivas.
- tomar conciencia del bilingüismo de dichas Comunidades.
- valorar la riqueza que suponen para nuestra historia
cultural.
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